Blogia

Rincón literario

El Asesino de Halloween

O s presento a un nuevo escritor entre nosotros. Es un alumno de este año y creo que va a merecer la pena ver cómo evoluiona.

Vicente       

La historia que les voy a contar no es ficción, sino que es real, tan real como las personas que la vivieron en su propia piel y que no llegaron a poder contarlo. Yo soy una de las dos únicas personas que conseguimos sobrevivir a aquella noche de Halloween. Mi nombre es Lucas y este es el relato de nuestra aventura en esa solitaria casa de campo aquella oscura noche de Halloween de hace siete años.

 

         Todo comenzó un martes, faltaban tres días para Halloween. En el instituto en general, pero más concretamente en la clase de 3º B todos estábamos deseando de que llegara esa noche en la que nos divertíamos tanto y nos acostábamos tan tarde. En clase ultimábamos los planes entre nosotros armando un gran alboroto, los disfraces que llevaríamos, los lugares a los que iríamos… Todos estábamos muy emocionados ante la idea de ir toda la panda junta a pedir chucherías, pero más aún por asustar a los de 1º. Las clases pasaron muy deprisa tal vez porque casi no dejamos que los profesores impartieran su asignatura. A la hora de la salida mientras charlaba con mi amigo Miguel, Alberto se nos acercó y preguntó:

 

- Eh, ¿al final a que hora hemos quedado el viernes?

- A las diez en el parque -le respondí.

- Vale, pues hasta luego -dijo mientras se alejaba.

 

         Seguí con la vista su trayectoria, hasta que mi mirada se topó con la de Irene, me puse en un momento rojo como un tomate muerto de vergüenza al ver que se me había quedado mirando también y desvié rápidamente la vista de ella para hacer como si no pasara nada.

 Había conocido a Irene en 1º de ESO cuando ambos comenzamos el instituto. Me había gustado desde el primer momento, pero yo como siempre tan cobarde cuando se trataba de amores nunca me había atrevido a decirle lo que sentía por ella. Por culpa de mi cobardía, otra persona había ocupado el lugar que yo deseaba en el corazón de Irene. Se llamaba Enrique y era más mayor, más alto, más fuerte y por supuesto mucho más imbécil que yo. No lograba comprender como a Irene, esa chica tan hermosa, podía gustarle un cretino como Enrique. Yo, ya había abandonado toda esperanza de que Irene se fijara en mí. Asqueado por ver a Enrique rodeando con sus brazos la cintura de Irene me marché rápidamente intentando convencerme de que nunca Irene estaría conmigo. La terrorífica noche de Halloween que se avecinaba sin que ninguno de nosotros lo sospecháramos me demostraría lo equivocado que estaba.

  

         El miércoles y el jueves pasaron con rotunda normalidad y sin percances exceptuando las ahora curiosamente habituales peleas en los recreos. En una de ellas Pedro, Félix y Jorge se vieron implicados al plantar cara a los típicos chulos. Para sorpresa de muchos, mis amigos salieron ganando, pues en vez de dar golpes al aire como esos chulos, ellos buscaban puntos donde hacer más daño, y con un par de golpes a cada uno los redujeron. Eso sí, al final todos tuvieron una sanción y una desagradable visita de sus padres al tutor.

 

         Finalmente llegó el viernes. Pedro, Félix, Alberto y yo llegamos puntuales al parque con nuestros respectivos disfraces y nos sentamos en un banco a esperar a los demás. Al poco rato llegó Miguel y unos cinco minutos después llegó Jorge, que había al fin logrado convencer a sus padres para que lo dejaran salir, pues estaba castigado por la pelea en el instituto. Una vez todos juntos nos encaminamos por las calles llamando a las casas y consiguiendo caramelos y demás golosinas. La gente era bastante generosa, pero encontramos muchas viviendas a las que ya habían acudido nuestros queridos compañeros de 1º, así que nos vengamos persiguiéndoles durante un buen rato. Cuando nos empezamos a aburrir dejamos la persecución para continuar pidiendo caramelos. Hasta que en un piso despertamos a gritos al hombre que vivía allí y nos lanzó un cubo enorme lleno de agua fría como el hielo. Acabamos empapados y tuvimos que ir a nuestras casas para cambiarnos y ponernos ropa normal pues los disfraces acabaron tan empapados como nosotros o más.

 

         Nos volvimos a reunir en el parque, pero ya no sabíamos qué hacer. Pensábamos que la diversión había terminado, y en realidad así era. Hasta el momento en que Miguel vio a lo lejos la silueta de la vieja casa de campo que había a las afueras del pueblo y tuvo una fatídica idea.

 

- Tengo una idea genial, ¿por qué no vamos a la casa aquella? -dijo señalando al oscuro edificio.

- ¿Para qué?, ahí no hay nada que hacer -protestó Félix.

- Pues para hacer algo, me aburro.

 

         Los demás asintieron y siguieron a Miguel hasta la casa. A mí me daban escalofríos cada vez que dirigía la mirada hacia aquella casa, y desde el primer momento supe que no debíamos ir allí. No sé por qué ni qué me hacía pensar que no debíamos acercarnos a aquel lugar, pero así era.

 

- Esperad -les llamé- creo que no deberíamos ir.

- ¿Por qué? -me preguntó Miguel- ¿Tienes miedo de una casa en ruinas?

- No es eso es que… hay algo que me dice que no debemos ir allí.

 

         Se tomaron mi respuesta a risa y empezaron a entonar un “Lucas es un cagao de mierda nana nana nana” no lo pude soportar y me vi obligado a ir con ellos. Aunque hacía una buena noche, mientras íbamos por el camino que conducía a la casa comenzó a hacer frío y viento, y las nubes que se habían mantenido alejadas durante el día se adueñaban ahora del cielo. “No tardará en empezar a llover” pensé, pero ni siquiera eso haría cambiar de opinión a mis amigos así que continuamos hasta la casa. Era un caserón grande, con una fachada envejecida por los años. Una parcela rodeada por una valla de madera rota y podrida guardaba la entrada de la casa. Nos acercamos a la puerta y comprobamos que estaba entreabierta, la puerta se abrió con un sonido tétrico cuando la empujamos. El interior estaba oscuro, en la parte derecha del recibidor había una escalera que llevaba al piso superior, una lámpara “araña” cubierta de polvo colgaba del techo del recibidor. El suelo de madera crujía a nuestro paso, de repente escuchamos a alguien que gritaba:

 

- !Lárgate! -gritó la persona entre sollozos- déjame en paz.

- !Quién anda ahí! -gritamos en tensión.

 

         Nadie contestó. Únicamente se oían sollozos. Con pasos inseguros nos acercamos al lugar del que provenían. Entramos en lo que debió de ser el salón de la casa. Todo estaba sucio y lleno de polvo, las cortinas estaban rasgadas y algunas ventanas rotas. También una mesa de madera grande y lujosa se situaba en el centro de la estancia. En un rincón descubrimos el origen de los sollozos. Irene estaba acurrucada, con el rostro desencajado. Nos miró y la miramos, percibí al ver sus ojos que algo muy malo había pasado. Nos acercamos a Irene y nos agachamos junto a ella para que nos contara qué le pasaba. No pudo articular palabra alguna, tan solo pudimos ver con asombro y terror sus manos manchadas de sangre.

 

- !Por Dios, qué te ha pasado! -pregunté aterrado.

- Lo… lo ha… ma… matado -respondió ella llorando.

- !Qué! !A quién han matado! -volví a preguntar.

 

         No respondió, señaló hacia un lado de la habitación y descubrimos el cuerpo sin vida de Enrique. Su cuello estaba lleno de sangre. Lo habían degollado. A todos se nos heló la sangre ante aquella escena.

 

- ¿Quién lo ha hecho? -preguntó Miguel tratando de mantenerse sereno.

- Ese hom… hombre -en su rostro se había dibujado una expresión aterradora y señaló hacia el recibidor.

 

         Por la puerta de entrada pasaba la luz de lo que parecían ser los focos de un coche perfilando casi perfectamente una silueta alta y delgada. La silueta sostenía en la mano un objeto, en seguida me di cuenta, al igual que todos los demás de que era un cuchillo. Nos pegamos a la pared sin saber qué hacer. La silueta comenzó a andar hacia nosotros, caminaba de un modo extraño, como si le costara hacerlo. Pero aunque pareciera eso, no era verdad. Estábamos paralizados, pero en el último momento salimos corriendo por un lado tirando del brazo de Irene, que nos siguió. Casi todos. Félix no había salido corriendo, el miedo lo había paralizado y el individuo se acercaba cada vez más a él. Hasta que mi amigo, sin poder moverse, cayó al suelo, muerto. Esa persona le había clavado el cuchillo en el corazón. El individuo se giró y nos miró desde las sombras. No estoy seguro, pero creí advertir una sonrisa maliciosa en su rostro. Había disfrutado matando a Enrique y a Félix. Nos dirigimos hacia la puerta para huir, pero ésta se cerró de golpe antes de que llegáramos. Nos quedamos estupefactos, nadie había tocado la puerta, ni siquiera habíamos llegado a ella. Subimos al piso de arriba haciendo crujir los escalones a nuestro paso. Alberto pisó demasiado fuerte en un escalón y lo rompió, quedando su pie atascado. Jorge se paró para ayudarle a salir. Fue en balde. Cuando los demás llegamos a arriba vimos sus cuerpos decapitados sobre la escalera. La silueta del desconocido sujetaba las cabezas de mis amigos por el pelo a modo de trofeo. No me lo podía creer, el espanto se reflejaba en nuestras caras. Aquello no podía estar sucediendo, toqué la barandilla de la escalera para asegurarme de que no estaba en una pesadilla. Reaccioné cuando Miguel me cogió del brazo, estuve a punto de decirle que me soltara, pero el desconocido estaba subiendo la escalera dispuesto seguramente a matarnos también. Corrimos hacia una habitación y nos metimos dentro, bloqueamos la puerta con sillas y muebles en un desesperado intento de detener el avance del asesino. Estábamos tensos, notaba el pulso en las sienes y temí que me estallaran. Escuchábamos los pasos de nuestro perseguidor en silencio, de momento un golpe en la puerta nos aceleró el pulso. Tras eso descubrí a Irene abrazada a mí. No dije nada, aunque no fuera la mejor ocasión, sabía que Irene tenía miedo, y aunque yo también lo tenía no quise decir nada. Después de eso, el silencio se adueñó del lugar. Hasta ese momento no nos habíamos dado cuenta de que había empezado a llover. No sé cuánto tiempo permanecimos allí, inmóviles.

 

- Creo que ya se ha ido -dijo Pedro con voz temblorosa.

- Pienso que deberíamos salir -dijo Miguel a continuación.

- ¿Estáis locos? -preguntó Irene acelerada.

- Tenemos que bajar -le expliqué- desde abajo podemos intentar huir de nuevo.

- Pero… -su rostro se había ensombrecido- si nos atrapa…

- Somos cuatro contra uno, nos enfrentaremos a él.

 

         Ella asintió y comenzó a ayudarnos a quitar los muebles de la puerta lo más sigilosamente posible. Antes de salir me cogió la mano. La suya estaba fría, pero a pesar de ello no se la solté. Los cuatro salimos de la habitación, no había rastro de ese tipo por ninguna parte. Yo miraba con desconfianza las sombras, seguro de que nos estaría vigilando y rezando para que me equivocase. A estas alturas supongo que os habréis preguntado por qué no usamos los móviles. Mientras estábamos en la habitación lo habíamos intentado, pero no había nada de cobertura. Y hablando de móviles, a Pedro se le olvidó el suyo en la habitación y volvió para recogerlo. Y entonces ocurrió algo que nos dejó sorprendidos y aterrados, un grito desgarrador nos advirtió de que algo no iba bien. Cuando llegamos a la habitación encontramos a Pedro estrangulado. Pero el asesino no estaba allí. La ventana estaba abierta supusimos que el asesino habría huido por ahí, pero caímos en la trampa. Miguel se acercó a la ventana y cayó desplomado hacia atrás. No tenía ninguna herida aparentemente, pero sus ojos… eran como si les hubieran arrebatado la vida. No aguanté más y agarré a Irene para largarnos de allí de una vez por todas. Bajamos con decisión los peldaños, los cadáveres de Alberto y Jorge habían desaparecido. Seguimos bajando las escaleras sin dejar de mirar el lugar en el que antes se encontraban los cuerpos. Al no mirar dónde pisaba, colé un  pie en el agujero de la escalera. Los dos nos sentamos para intentar sacar mi pie de allí, y entonces ocurrió. La puerta de entrada s abrió dejando pasar un potente haz de luz de los focos del coche que suponían había fuera. Una silueta se fue haciendo visible mientras se acercaba a nosotros. Mi pie no salía del agujero, así que abracé a Irene esperando que aquel hombre nos matara a ambos. Pero en contra de lo previsto Irene consiguió sacar mi pie de ahí. El hombre estaba ya muy cerca, en aquél momento no pensé nada, quería salvar a Irene así que me abalancé sobre el asesino de mis amigos derribándolo, pero aún así no logré verle la cara. Lo entretuve el tiempo suficiente para que Irene saliera corriendo de la casa y entonces la seguí dejando a quienquiera que fuese tirado en el suelo. Corrimos y corrimos sin descanso hacia el pueblo cogidos de la mano, sin mirar hacia atrás. La lluvia nos estaba empapando, pero de pronto me sentí feliz, feliz por haber salvado a Irene de aquel asesino de la noche de Halloween, feliz por haber salido vivo. Pero no podía olvidar que todos mis amigos habían muerto allí dentro. Cuando llegamos al final del camino dirigimos una mirada a la casa, en la puerta de entrada el desconocido también nos estaba mirando con esa sonrisa malvada. Hasta ahora no nos habíamos fijado en que allí no había ningún coche. Corrimos un poco más hasta que tuvimos que parar para recuperar aire. Entonces Irene se acercó y me dijo:

 

- Gracias por haberme protegido de ese tipo -comenzó a acercarse- has sido muy valiente.

- No hay de qué -respondí yo.

 

         Y entonces me besó. Sé que las circunstancias no eran apropiadas, pero así fue. Nos besamos bajo aquella lluvia incesante. Tal vez porque teníamos miedo o tal vez porque en realidad ella si que estaba enamorada de mí.

 

         Avisamos a la policía esa misma noche, fueron a la casa pero allí no hallaron ningún cadáver, pero sí restos que afirmaban que habían estado allí. En cuanto al asesino, nunca fue encontrado. Algunas veces he tenido la sensación de que me estaba observando desde algún lugar, dispuesto a matarme en cuanto pueda. Siempre el mismo día, la misma noche, la noche de Halloween.

 

JESÚS G.L.

 

 

Travesuras

-          ¿Estás completamente segura?

-          Absolutamente. Los oí hablar ahí, fíjate, ahí mismo, donde cualquiera podría haberles visto.

-          Venga ya.

-           Que sí, que sí, que va en serio. Te lo he dicho mil veces: con estos nunca se sabe, jamás te fíes de ellos. Repiqueteando cristales hasta la madrugada, sonrojando mofletes, escupiendo hadas. Nunca traman nada bueno.

-          Eso desde luego…se pintan las narices de colores, figúrate. ¿Entonces es verdad lo que dices?

-          Tan verdad como que esta noche habrá una enanita durmiendo en la luna. Van a hacerlo por fin, lo llevan planeando años…

-          Pero, ¡No es posible! Ya armaron un buen escándalo cuando se empeñaron en recorrer el arcoíris a nado… ¡Habrase visto semejante insensatez!

-          Y que lo digas. ¿En qué estarían pensando? Ocho días y medio llorando, sin rastro de ellos, preguntando por los pueblos…

-          Y rogando para que lloviera mientras el Sol brillaba, por si por lo menos les podíamos ver desde lejos. Esta claro que se merecieron esa noche en el calabozo cuando consiguieron traerles de vuelta.

-          Sí, traerles…a rastras como perros, hablando tonterías de lo hermoso que es sumergirse en amarillo y respirar burbujitas de añil.

-          ¡Y como perros pasaron la noche! Aullando a la Luna, espantando a las estrellas. Está claro que nunca llegarán a ser nada en esta vida.

-          Por supuesto que no. Viven en las nubes.

-          Eso es de tantos pájaros que tienen en la cabeza. El otro día uno de ellos me soltó de repente que cuando se aburre mucho comienzan poco a poco a aletear  sus orejas y sus pies a alejarse irremediablemente del suelo.

-          Lo sé. Mi prima me contó que algunas noches deja de sentir sus pisadas por el tejado…eso es que han salido volando, a cazar luciérnagas.  Si es lo que te digo, que se aprovechan de que somos buenos y les permitimos sus extravagancias. Creo yo que mientras no molesten a nadie con sus juegos, pues podemos aguantarles, que siempre podría ser peor…pero esta última me parece  que  ya se pasa a gritos del castaño oscuro.

-          No sé, hija. A veces pienso que les hemos consentido demasiado. Debimos haberles expulsado de aquí hace tiempo, cuando empezaron…a hacer esas cosas tan extrañas.

-          Fue aquel hombre de los mil cuentos con sus libros del demonio, eso lo sabe todo el mundo. Antes eran normales, como tú y como yo. Pero, ya se sabe…tanta letra, tanta ilustración de colores…

-          Y ese hombre, que tenía una voz que embrujaba a los gatos.

-          Dímelo a mí, que mi hijo estuvo a punto de unirse a ellos porque ese chiflado le prometió capturarle un rayo de Sol en un tarrito de cristal. De verdad, menos mal que lo recondujimos a tiempo.

-          Tienes toda la razón, con esas cosas no hay que bromear. Con lo caros que están, madre mía… Oye, no me lo puedo quitar de la cabeza, esta vez tenemos que hacer algo.

-          Como si se pudiera. Son peores que unos duendes endemoniados…se meten por  todos los rincones y marean a cualquiera. Si se quieren salir con la suya se saldrán, desgraciadamente. Eso sí, yo ya le he dicho a mi marido que prepare piedras y sacos para esa noche. Que tampoco se lo vamos a poner tan fácil.

-          ¡Pues claro que no! Voy a tener unas palabras con el alcalde esta misma tarde, vale ya de tanta paciencia. Ya bastante que les pasamos por alto las travesuras, las noches en vela, como para que les dejemos también hacer inmoralidades. 

-          Exactamente,  si es lo que decía mi madre, que hay cosas que es mejor no saber. Pero es que a estos locos se les ha metido tanto en la cabeza…he oído que están poniendo trampas en las ventanas, ¡y que van a echar somnífero en el agua y el pan!

-          ¿Por si no aguantan toda la noche despiertos?

-         Claro, no ves que si se quedan despiertos a esperarles, no aparecerán…Ya verás la que armarán para atraparlos.

-          Dios mío,  cada vez van a peor. ¿A quién se le ocurre intentar desenmascarar a los Reyes Magos?

Nuria. (Deseándoos una mágica Noche de Reyes ^^)

 

 

 

GRACIAS

Porque ahora que se acaba el año parece obligatorio mirar para atrás y pesar los días que pasaron, como siempre, aunque esta vez sea muy distinto, ¿de verdad que sólo ha pasado un año desde enero?

Yo creía que la vida sólo se cambia a los quince años y ahora me doy cuenta de que a los cuarenta todavía todo puede volver a empezar y dejar algunas partes del pasado convertidas en un mal sueño, en una historia de otro, algo tan lejano...

Y gracias porque muchos de vosotros me habéis ayudado más de lo que nunca podréis suponer. Una parte de mi nueva vida os la debo a vosotros, las fuerzas para iniciarla, para superar todos los miedos que van surgiendo. Vuestros ojos, vuestros ánimos que me dábais sin saberlo me han permitido que este año sean ciento y que, de repente, todo vuelva a tener sentido y el mundo parezca que está por estrenar, lleno de brillo y nuevos secretos que descifrar

Por eso y por todo, gracias, sois como una canción llena de rocío y fresa. Una verdadera suerte haberos conocido y teneros ya como amigos

 

Vicente

MIYU. El Final

Cuando en  esas tristes meditaciones estaba se oyeron sonidos de trompetas y ante mis llorosos ojos apareció un conejo blanco y azul ¡con alas! En sus patitas sujetaba un libro de los mismos colores que él tenía. Yo no salía de mi asombro, me estaba empezando a volver loca, cuando oí una voz melodiosa del conejo portador del libro.

-Escucha Miyu.

-¿Cómo sabes mi nombre? ¿Por qué tienes alas? ¿Qué contiene ese libro?

-Por favor, Miyu, pareces una metralleta, responderé a tus preguntas una a una ¿de acuerdo?

Asentí con mi cabecita.

-Tu nombre lo sé porque está escrito en este libro. Tengo alas por que soy un ángel conejo. Y lo que contiene el libro es tu vida entera desde el momento en que naciste hasta el momento de tu muerte.

Yo estaba cada vez más perpleja pero esta vez nada más miraba en espera de una explicación coherente a todo lo que estaba pasando. El conejo ángel retomó la palabra.

-Aclarada ya tu curiosidad, te explicaré a que se debe mi visita. Como te he explicado antes en este libro está reflejada tu vida, tus acciones buenas y malas, lo que has hecho y lo que has dejado de hacer por tus semejantes, y sobre el día en que tienes que dejar esta vida y rendir cuenta de tus acciones… Y ese día no ha llegado, por lo tanto, no puedes disponer de tu vida, pues libro blanco y azul está anotado todo lo que han hecho por ti, sin embargo el apartado de lo que debes hacer por los demás está vacío. Mientras esas páginas no estén llenas no habrá llegado el momento de irte al otro lado.

-¿Y qué puedo yo hacer por los demás?

-Muchas cosas, por ejemplo, dar cariño sin esperar nada a cambio. Enseñar lo que sabes a los demás. Cuidar enfermos, consolar a todos los que sufren, dar tu amistad al que la necesite y sobre todo no pensar solo en ti, deja el egoísmo a un lado y piensa en el que tengas a tu lado.¿Te sirve así o prefieres que siga enumerando cosas que puedes hacer por toda la sociedad conejil conocida o desconocida?

-¡Ya! ¿Y quién escribe todo eso en ese libro?

-Esas cosas se escriben solas.

-Enséñamelo por favor.

-N o puedo Miyu, tu no lo puedes leer, es invisible, sólo lo vera en su día el Dios Conejo y te juzgará por lo que lea, así es que empieza a no pensar que el mundo conejil eres tu, y solamente tú.

Dicho esto, aleteó sus blancas alas y desapareció. Quedé mirando el vació que había dejado el ángel conejo, todavía pensando que había sido un sueño o una alucinación que me había jugado mi cerebro de tanto llorar, pero cuando bajé los ojos hacia el suelo vi unas pequeñas plumas blancas con las puntitas azules. No había sido un sueño, era real. Entré en la casa con la intención de tener una conversación con Madan, ella estaba sentada en su cojín con la mirada perdida, como si meditara algo importante.

-Madan necesito hablar con usted.

-Dime Miyu,  te escucho- habló en tono cansado.

-Madan, yo sé que contraje una deuda con usted, la cual estoy dispuesta a pagar.

-Yo no considero que tengas dicha deuda.

-Pero si usted no me deja que pague mi deuda ¿Cómo voy a escribir algo en el libro?

-¿De qué libro hablas?- preguntó extrañada Madan – Escúchame  Miyu, yo he pensado mucho en estos días y he decidido proponerte algo.

-Diré que sí a lo que sea.

-Quieres dejarme que me explique, siempre tan impetuosa. He decidido que tienes que hacer un largo viaje conocer otras comunidades conejiles y olvidar el pasado.

-Pero si me voy ¿Quién cuidara de usted cuando sea más viejecita?

-Todo a su tiempo Miyu. Yo creo que deberías ir a España, tiene un clima soleado y eso será bueno para mis patitas que ya empiezan a resentirse.

-¿O sea que usted también viene?

-No Miyu, no voy todavía, iras tú la primera contactaras con la comunidad conejil. Con el idioma no tendrás problemas, como sabes estudiaste español en tu preparación de geisha, con lo que sabes te defenderás. Cuando te sitúes y encuentres un trabajo, me mandarás llamar para pasar mi vejez contigo; con eso me considero pagada del todo ¿Qué te parece la idea?

-Me parece demasiado generosa ¿Y cómo pagare el viaje, y los gastos hasta que encuentre trabajo?

-Eso esta solucionado, lo que pagó tu protector por tu virginidad, está guardado en aquella cajita ovalada ¿aceptas?

-Claro que lo acepto, y la prometo que no la voy a decepcionar.

-Así después de un largo viaje llegue a parar a vuestra comunidad conejil. Ya estáis al tanto de mi vida y de lo que tengo que hacer de ahora en adelante.

-¡Oh, qué apasionante ha sido tu vida- exclamo Beatriz.

-Por el trabajo no te preocupes hace tiempo que no tenemos bibliotecaria ¿aceptas?-pregunto Lucrecia.

-De mil amores. Yo, aparte, podré daros clases de música , de Taichí y de  historia.

-¿Y qué podremos enseñarte nosotras?- preguntó Charo

-Vosotras me enseñaréis a guisar, limpiar la madriguera y, lo más importante de todo, a cuidar a los gazapos, pues así cuando vosotras tengáis nietos u otras señoras conejas  de la comunidad podré ser útil cuidándolos.

-Pero eso es muy fácil –contestó Adela

-Para vosotras, yo nunca lo he hecho y por lo tanto será muy complicado.

La puerta de la sala se abrió dando paso al señor conejo Mariano, y ajustándose la gorra de plato habló con voz autoritaria.

-Señoras, el tiempo de la tertulia ha finalizado, tengan la bondad de ir saliendo que tengo que cerrar el Centro de Cultura Conejil.

-Siempre con las mismas prisas, Mariano, ya no vamos- dijo Beatriz levantándose de su cojín –. Vamos señoras conejas vallamos saliendo.

Se despidieron todas a la puerta del centro con varios lametones y expresiones de cariño.

Han pasado seis meses desde la llegada de Miyu a la comunidad. Ha empezado a trabajar como bibliotecaria, las clases que imparte van viento en popa a toda vela. Las señoras conejas no tienen tiempo ni de resoplar. Pero de todas las actividades la que más les gusta son las clases de taichi. Se sienten más libres más relajadas . Los señores conejos y los gazapos  están anonadados del cambio que han tenido las señoras conejas

Son más independientes, más cultas, se quieren más y por supuesto, esto repercute en toda la comunidad conejil. Por su parte Miyu ha aprendido a guisar, coser,  arreglar la madriguera y cuidar a los miembros  enfermos de la comunidad. Con la llegada de Miyu han conseguido sacar lo mejor que cada uno llevaba dentro.

Madan fue llamada por Miyu y por toda la comunidad para que viniera a vivir con ellos. Toda la comunidad la  acogió con gran cariño y con ella los más jovencitos aprendieron a respetar a sus mayores y a valorar que ellos tienen que aprender mucho de los más viejos. Y eso Madan  lo con siguió con infinita paciencia, los reunía  todos los sábados por la mañana porque no había escuela  y ,contándoles bellísimos cuentos japoneses, fue consiguiendo su atención y haciendo que se interesaran por los mayores de la comunidad y sus pequeñas batallitas como anteriormente decían los mas jóvenes y que ahora las llamaban historias interesantes y estaban deseando que llegara el sábado para lo que llamaban ellos la reunión de los cuentos de Madan, los cuales les molaban cantidad.

Sólo rompía la paz en la comunidad conejil  lo mal que habían reaccionado algunos señores conejos, aunque afortunadamente la mayoría valoraban mucho el cambio de las señoras conejas, pues era mucho más enriquecedor  tener al lado una coneja  culta y poder hablar con ella de igual a igual. Pero algunos conejos les molestó que las señoras conejas quisieran aprender más, leer, hasta el taichi les parecía algo esotérico.

Pero poco a poco las señoras conejas fueron asistiendo a las clases, se interesaban por diferentes materias y que ellos por eso no dejaban de ser unos machotes conejos, si no todo lo contrario, la sensibilidad y el admirar lo bello no esta reñido con ser un conejo muy conejo. Los que no entraron en la dinámica no me merece dedicarles ni una sola línea, son dignos de lastima.

Miyu. Ella está escribiendo en el libro azul blanco todo lo que necesita para llegar un día a tener el libro completo, y cuando tuviera que coger el tren que la llevaría “al otro lado” (cosa que todavía tardaría mucho años) tuviese su vida escrita con las buenas y las malas acciones  para ponerlas en la balanza para juzgar su paso por la vida .Porque en  esta vida no se puede viajar como una maleta, no debes desplazarte de un lado a otro sin que sufras, ames, te equivoques una y otra vez, y cada vez que caigas levántate.

 

Gracias a todos por leer mi historia.Llametones.

 

Miyu

 

.

 

Dopaso

¡Feliz Navidad!

Simplemente quería desearos a todos que  paséis unas muy felices fiestas.

Muchos besos,

Nuria

Enamorarse de unos ojos

Si te enamoras de la boca te enamoras de las palabras
Las palabras cambian y las bocas mienten
Enamorarte de una boca es enamorarte de sus mentiras
Una boca ha besado miles de besos y ha dicho te quiero, te odio y te necesito
Todas dejaron un vacio y una mancha...
Enamorarte de las manos es enamorarte de las caricias, de la pasión
Sientes el suave tacto ardiente y el mundo compieza a girar
No ves más, no escuchas más, solo sientes las manos
Pero cuando las manos se separen caprichosas sólo sentirás el frio de la soledad
Sin embargo...cuando te enamoras de unos ojos, ay, los ojos
Puedes enamorarte de unos ojos oscuros, claros o imaginarios
Da lo mismo
Los ojos ni mienten ni callan
Son el espejo del alma...
Yo me enamore de unos ojos
y desde entonces no he dejado de quererle
Son en lo primero que pienso al levantarme
y lo ultimo que susurro al acostarme
Sus secretos me fascinan, su ternura me diluye
Porque al enamorarme de los ojos
me enamoré de la persona
con todos sus secretos, sus defectos y sus virtudes
todo eso que puedes ver al mirarle y todo aquello que no ves
todo lo que ocultan sus ojos
es todo a lo que yo quiero

http://tsubaki.blogia.com

Mierda

A las tres de la mañana la felicidad ya ha abandonado mi cuerpo.

No tiene fin, soy incapaz de ponérselo...sin embargo creo que es porque...es como un pozo sin fondo, como una rima que podría no acabar...

Al menos no hasta que diciembre me traiga las sonrisas que el resto del año me fueron robadas.

 

Pozos de barro, manantiales negros

Ríos de lava de los que brotan peces muertos.

Ángeles sin alma, lunas sin destellos

Gemidos que callan, labios sin besos.

Restos de metralla que perforan mi cuerpo.

 

Falacias hilvanadas por soñadores sin sueños

Bocas que susurran todo el odio que llevan dentro.

Borrones de vida, planos erróneos del cielo

Caminos de saliva que conducen al subsuelo.

Paradigmas de la vida tatuados por mis dedos.

 

Manos separadas por pechos al descubierto

Corazones de cristal despedazados por el fuego.

Vicios instaurados, pesadillas hechas juego

Bebedores de la envidia que enseñan como ver a un ciego.

Delicias de mi historia que recordar en mil versos.

 

Folladores sin sentido, emociones hechas hielo

Fantasías del que sufre, y goza sumido en ello.

Penetrantes las miradas, del que yace ya en su lecho

Muerto entre las dalias, sereno hacia el averno.

Sabiendo del destino, iré a donde vaya el viento.

 

Ecuaciones de mentiras, almas hechas con defectos

Ataúdes a medida para el que ama según sea el tiempo.

Flores desteñidas, poetas que viven del cuento

Cabrones homicidas de la belleza del momento.

Instructores de rameras, maestros de un oficio eterno.

 

Historias aún no escritas, de finales imperfectos

Tinta que se desliza, por las venas de mi infierno.

Fingir ser víctima siendo artífice del miedo

Que corretea por mis piernas…que penetra en mi cerebro…

Asesinos de sonrisas que como han nacido…murieron.

Margot, prostituta de emociones 24 las horas del día.

Bleh.

Miyu 8

 

Mi presentación como geisha fue un éxito total, esta feo que yo lo diga, pero hemos dicho que diríamos la verdad.Yo estaba bellísima con mi kimono carmesí; el color resaltaba el blanco de mi piel. Fui el centro de atracción de todos los asistentes y la envidia de otras geishas.

En adelante era requerida en todas fiestas y reuniones que se preciaran en importancia, pues a ellas acudía la alta sociedad  conejil de Kyoto.

Cuando llegamos a casa Madan me hizo sentar en un cojín de seda ella se quedó de pie en sus dos patitas de atrás. La verdad es que Madan tenía un empaque y una elegancia sin par, en sus tiempos fue la geisha más cotizada de todo Japón.

-Miyu, ha llegado la hora de presentarte a tu protector.

-Ya me había hablado sobre eso Madan ¿Cómo es mi protector?.

-Es un caballero conejo muy importante.

-No me refiero a su estatuto social, si no como es como conejo.

-Ya tu sabes que hay conejos que tienen cierto parecido con los cactus su apariencia externa es dura y agresiva, pero en el corto periodo que dan flores puedes ver un alma bellísima a esa clase de conejos pertenece tu protector. A parte de su estatus social tampoco `puedes tener queja, es el medico personal del Emperador.

-Madan ¿Yo estaré  preparada para tan alto protector?

-Si Miyu lo estas solo tienes que poner en practica todo lo que aprendistes  y recordar siempre, siempre que por muy bella que seas, que lo eres, por mucho que sepas tratar los temas de los que tu protector quiera hablar contigo el mejor regalo que puedes hacerle es tu discreción y saber escuchar, no solo oír ¿me has entendido Miyu?

-Si Madan, espero no decepcionarlos a ninguno de los dos.

-Estoy segura de que lo vas a conseguir. Tú eres una conejita bella por dentro y esplendida por fuera. Ahora vallamos a descansar mañana tienes que estar radiante para la presentación con tu protector.

-Buenas noches conejiles Madan.

-Buenas noches Miyu.

La mañana siguiente fue trepidante, desayuno baño con sales relajantes, aceites aromáticos.

-¡Esto es el colmo!- gritó enfurecida Lucrecia-; una coneja bañándose con agua y no sé cuantos potingues. ¿Dónde se ha visto tamaña atrocidad?

-No te enfades Lucrecia, si lo llegaras a probar verías que es algo delicioso

-Yo ni muerta.

-Martina por favor –aseveró Charo –, deja ya de interrumpir.

-¡Hala! Ya me callo.

Volvió a tomar la palabra Miyu.

-Después del polémico baño, me perfumaron, maquillaron, peinaron… Por cierto,  el peinado de una geisha puede tardar horas y horas en realizarse por eso cuando duerme la cabeza nunca posa sobre la almohada, sino sobre el cuello, dejando la cabeza totalmente al aire.

-¡Ala!-exclamaron todas a coro.

-Ni que decir tengo que acostumbrarse a dormir así es muy duro, pero la disciplina todo lo puede. Lo último de todo fue que vistieron para esa ocasión; Madan había escogido un kimono azul eléctrico, con adornos en las bocamangas. Yo estaba nerviosísima, los bigotes no dejaban de temblarme Madan se dio cuenta y me ofreció un vasito de sake,  pata de coneja santa, y me tranquilice de inmediato. En el reloj de salón dieron las siete en punto y en ese momento sonó la campanilla de la puerta. La doncella de Madan salió presurosa  a abrir. En el umbral de la puerta apareció un señor conejo elegantemente vestido de riguroso negro.

-Pase, pase, por favor, excelentísimo sr.conejo- dijo Madan inclinando la cabeza.

El aludido entró sin despegar los labios.

-Tome asiento, por favor-rogó Madan.

-Gracias estoy bien así.

Desde que le vi en el umbral pensé en lo que me había dicho Madan, era como un cactus, grande, tieso, con grandes pinchos ¿Cómo podría aceptar a un protector tan poco asequible?

Madan rompió mis pensamientos de golpe.

-Miyu, éste es el Excelentísimo sr. Yanamola .

Me adelanté un poco, hice una leve inclinación de cabeza. Todo mi cuerpo temblaba como una hoja al viento.

-Alza la cabeza Miyu, quiero contemplarte.

Cuando alce la vista hacia él, al mirar sus ojos negros y penetrantes vi la flor de que me había hablado Madan .Su mirada desprendía bondad y una gran  paz, esa debía ser el alma del sr. Yanamola como la flor del cactus.

-¡Qué bonito! –exclamo Charo -

-Déjate de romanticismos y vayamos al grano-dijo Martina.

-¿Qué grano?-pregunto Adela- o me he perdido algo de la historia o yo no veo un grano por ninguna parte.

-Coneja tonta de las cuatro patas, lo del grano es una manera de hablar.

-La coneja tonta de las cuatro patas serás tú por hablar de esa forma.

-Vale ya de discusiones que no nos llevan a ninguna parte-sentenció Beatriz.

-Otra tonta de las cuatro patas, pero si estamos en la reunión y no queremos a ninguna parte-contestó Charo  toda llena de razón y luego se dirigió a Miyu con un gesto indicándola  que prosiguiera su relato.

-Pues, como os iba diciendo, aquel señor conejo me impactó. Los días que fui pasando a su lado me iban mostrando su alma noble, su inteligencia, en fin, me fui enamorando como una coneja del romanticismo. Él a su vez me colmaba de regalos, era cariñoso y dulce como yo jamás  había podido imaginar. Pero en la vida no son todo rosas, hay espinas, y cuando se clavan duelen sobre todo las que se clavan en el alma.

-¿Y a ti se te clavaron Miyu?- preguntó Adela

-Por supuesto que si. Un día el emperador llamo al sr. Conejo Yanamola a su presencia, no por que necesitara consulta medica, si no para comunicarle que le había encontrado entre la nobleza del Japón, una señorita coneja instruida, bella, y de moral intachable para concedérsela como esposa.

El emperador ,como era de esperar, estaba enterado de que era mi protector, por lo que en un paréntesis en su exposición de los hechos, hizo prometer al sr. Conejo que lo nuestro acabaría.Él tuvo que prometer al emperador que así sería, rompiendo su corazón y el mío.

Cuando yo me enteré por el mismo Yanamola, quise morir, pero al mismo tiempo vi una gran tristeza en sus ojos, y aquel conejo tan duro para algunas cosas no pudo evitar que dos lágrimas se escaparan de sus ojos y humedecieran mis hociquitos. Madan se deshacía en atenciones conmigo, pero yo sabía que ahora tendría que buscar clientes para pagar la deuda contraída con ella. Mi vida no tenía sentido, lloré y lloré hasta que decidí que pondría fin a mi vida…