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Rincón literario

Suicidio en Alejandría

 

 

13 y 22

Cuando pusieron la cabeza cortada sobre la mesa del despacho, se rompieron todos los cristales de la ciudad. "Será necesario calmar a esas rosas", dijo la anciana. Pasaba un automóvil y era un 13. Pasaba otro automóvil y era un 22. Pasaba una tienda y era un 13. Pasaba un kilómetro y era un 22. La situación se hizo insostenible. Había necesidad de romper para siempre.

 

12 y 21

Después de la terrible ceremonia se subieron todos a la última hoja del espino, pero la hormiga era tan grande, tan grande, que se tuvo que quedar en el suelo con el martillo y el ojo enhebrado.

 

11 y 20

Luego se fueron en automóvil. Querían suicidarse para dar ejemplo y evitar que ninguna canoa se pudiera acercar a la orilla.

 

10 y 19

Rompían los tabiques y agitaban los pañuelos. ¡Genoveva! ¡Genoveva! Era de noche y se hacía precisa la dentadura y el látigo.

 

9 y 18

Se suicidaban sin remedio, es decir, nos suicidábamos. ¡Corazón mío! ¡Amor! La Tour Eiffel es hermosa y el sombrío Támesis también. Si vamos a casa de lord Butown nos darán la cabeza de langosta y el pequeño círculo de humo. Pero nosotros no iremos a casa de ese chileno.

 

8 y 17

Ya no tiene remedio. Bésame sin romperme la corbata. Bésame, bésame.

 

7 y 16

Yo, un niño, y tú, lo que quiera el mar. Reconozcamos que la mejilla derecha es un mundo sin normas y la astronomía un pedacito de jabón.

 

6 y 15

Adiós. ¡Socorro! Amor, amor mío. Ya morimos juntos. ¡Ay! Terminad vosotros por caridad este poema.

 

5 y 14

4 y 13

Al llegar este momento vimos a los amantes abrazarse sobre las olas.

 

3 y 12

2 y 11

1 y 10

Un golpe de mar violentísimo barrió los muelles y cubiertas de los barcos. Sólo se sentía una voz sorda entre los peces que clamaba.

 

9

8

7

6

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Nunca olvidaremos los veraneantes de la playa de Alejandría aquella emocionante escena de amor que arrancó lágrimas de todos los ojos.

Federico García Lorca

Ya tocaba un poco de Lorca, ¿no? (añadir que pongo un poema en el que hay muchos números, todo un logro para mí)

En fin, que mañana os abandono hasta el domingo porque me voy a la playa; el blog está en buenas manos (o eso creo xD), así que espero que en mi ausencia sigáis escribiendo y comentando.

Muchos besitos,

Nuria

INSTANTES . BORGES, TAL VEZ

Atribuído, al parecer falsamente, a Jorge Luis Borges. Sea o no sea suyo es un poema increíble

Vicente

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo
.

 

Cuento nocturno a ocho manos

Las noches del desierto son inmensas. Frías e inmensas. Con el cielo agujereado de estrellas el cielo parece roto por una luz lejana que se posa en las dunas y es arrastrada por el viento.

Pero eso es afuera de la jaima, más allá del té caliente que muerde las manos frías, de la luz mortecina de las pequeñas brasas....

Él se levanta. Su piel arde con las brasas, y se dibujan en sus ojos de cristal los destellos anaranjados. Por sus brazos la luz corre, reflejada desde una lámpara de aceite que titila. Aún está desnudo. Coge con sus manos una jarra de agua y bebe directamente de ella, derramándose el líquido por su barba. Luego se da la vuelta. La mira. Está dormida, tendida sobre una alfombra. Una suave manta la cubre de cintura para abajo, como momentos antes había hecho él mismo con su cuerpo, pero deja al descubierto sus pechos redondos, su piel oscurecida. Le gusta mirarla cuando duerme. Se sienta y continúa mirando.

Desnuda, oscura, vulnerable…su respiración pausada, su suave aliento, parece susurrar en idiomas lejanos e inventados los secretos de la noche que les hunde en el desierto, de la luna eterna que luce lejana,  milenaria, inconsciente, demasiado apartada del pequeño mundo del que han hecho un improvisado refugio que les aparta del cielo y de la arena. Se acerca, acurrucándose junto a ella, aspirando su aroma melancólico, deslizando la mano entre sus cabellos para sentir el calor que le ha robado a la arena, al desierto, al sol…que ahora se apagan entre la fría noche acechante...

Ojalá la noche consiguiera retener su embrujo, ojalá el destino no la apartara de su lado y pudiera seguir contemplando aquellos incesantes movimientos de caderas que eran capaces de despertar en él la más fiera de las pasiones.

 Sus manos, sus labios…había mil y un secretos escondidos en cada resquicio de su cuerpo que él todavía tendría que descubrir. Tan sigilosa, tan sutil…Era como la canela, dulce y amarga a la vez...

Contemplarla era un regalo, admirarla una obsesión; si bien, el frío y el dolor, la angustia de perderla, lo efímero de aquellas noches perdidos en la inmensidad del placer, tan solo traerían dolor al alba…cuando una vez más tuviera que decir adiós viéndola marchar cubierta de un velo y una vida que la encarcelaban… lejos de aquella jaima…lejos de él.

Pero ya era tiempo. La miró por última vez y salió de la jaima con el dulce color de su piel agarrado a los párpados.

Afuera, la noche seguía ajena a todo, recogida en su propia belleza. No quiso mirarla, y se acercó a su caballo que pastaba estrellas. De un sólo movimiento se montó en él y se fue alejando, muy despacio, dejando en la arena un rastro que parecía un poema de amor

Ella se removió entre sueños, desconcertada al dejar de sentir su presencia en la pequeña estancia, repentinamente espabilada por la terrible certeza de que los cascos de un caballo se alejaban, presurosos, para herir al horizonte con su incesante trote. Aún adormilada, cubriendo su desnudez con aquella fina manta que tanto olía a él, se deslizó fuera de la jaima, asustada, atormentada en su interior por la repentina ausencia. El viento de la noche jugaba travieso con las huellas aún recientes del caballo, intentando borrarlas para que ella no pudiera seguirlas. A lo lejos, un sol sangrante comenzaba a imponer su presencia, reclamando el calor que él había robado para ella en esa noche infinita y doliente, esa noche que jamás volvería a encontrarles.

Diario de un terrorista

DIARIO DE UN TERRORISTA

 

La lluvia mojaba mis manos mientras sostenía  aquella pistola. Era de noche y las calles estaban desiertas. No se advertía ningún sonido excepto el murmullo del agua y los gemidos del hombre que se revolvía bajo mis pies. Pero eso no podía ser un hombre, esa masa llorona y temblorosa no se parecía nada a un hombre. Esos ojos pardos suplicantes que me miraban pidiendo clemencia no podían ser los de un hombre. Se tocaba la frente y se limpiaba la sangre que corría por ella, que manaba del corte que se había hecho al golpearse con el bordillo de la acera. Lo curioso era que se parecía al resto de los hombres. Tenía boca, orejas, naríz... Pero no podía serlo.

Una máscara ocultaba mi cara. Algunos me consideran un asesino, demasiado cobarde como para mostrar mi rostro ante mis víctimas. Mejor dicho: nos consideran unos asesinos. La gente nunca trata de ponerse en el lugar de los demás. Yo no mato por placer, ni por diversión, ni por venganza. Yo mato por un ideal, por una causa, por hacer realidad lo que yo y mi gente queremos. No es cierto que seamos radicales, que nos guste torturar a las personas que secuestramos, que seamos felices viendo como causamos terror. Yo no soy un asesino, yo soy un luchador, cuya lucha incansable seguirá a cualquier precio, hasta que por fin todo esto de resultado.  

Por eso estaba yo allí, en esa calle encharcada, con aquella masa llorona a mis pies. Ese especimen que le tenía miedo a la muerte, a su propio destino, al camino que había elegido. Que no había sido otro que el de defender todo aquello que nosotros odiamos y juramos derrotar, todas las absurdas leyes que nos imposibilitan llevar a cabo nuestras pretensiones, todas las instituciones que nos hacen fracasar. Pero él podía haberse limitado a, simplemente, pensarlo en vez de actuar. Pero no quiso, y escogió la peor opción, la de ponerse en nuestro camino. Por eso yo debía matarle, para impedir que entorpeciera el proceso, para quitarle de en medio y que les sirviera de lección a otros como él.

Llevaba ya mucho tiempo planeándo este asesinato, lo que conlleva millones de horas de vigilancia, más las de idear la estrategia final, las de ejecutar los trámites que hay que hacer para confirmar el proceso, y las de solicitar y recibir el instrumental necesario para realizar todo a la perfección. Cada tipo de operación tiene un sistema diferente, no es lo mismo poner una bomba que realizar un secuestro. Yo soy aún joven pero llevo a mi espalda muchos años de experiencia, supongo que si las autoridades me encontraran me llevarían a juicio y de allí a la cárcel. Realmente no me preocupa tengo amigos acusados de treinta asesinatos que sólo cumplieron diecisiete años porque se portaron bien y se sacaron una carrera. La verdad es que si yo estuviese en el otro bando endurecería las leyes y no tendría clemencia. 

Aquel tipo seguía retorciéndose, realmente parecía sentir dolor. Le había estado siguiéndo toda la tarde y cuando se vió forzado a entrar en aquella calle al notar mi presencia, me había precipitado hacía él y le había empujado cotra el bordillo. Luego, aprovechándome de su confusión, le había propinado una brutal paliza. Sentí crecer la furia en mi interior y le golpeé con todas mis fuerzas una y otra vez, recordando mi intenso entrenamiento de hacía solo unos meses. Cuando conseguí hacerle vomitar sangreparé y fue entonces cuando extraje lentamente de mi bolsillo esa pequeña pistola. El hombre emmudeció de repente y yo apunté a su sién. Fueron unos instantes tan intensos que llegué a plantearme por qué lo hacía. Y justo entonces recordé las palabras que días antes pronunció el jefe de mi comando cuando un novato le realizó la misma pregunta: "Porque no permitiré que nos nieguen la libertad a las personas cuyo pensamiento sea diferente al resto. Por eso prefiero morir a someterme. Y por eso mataré, ellos son los que deben someterse". En aque momento apreté el gatillo, ignorando las súplicas de aquel necio, y sus vísceras me salpicaron la cara.

Ya lo había hecho. Era mi primer asesinato.

Recuerdo que una sonrisa iluminó mi cara cuando corrí y me metí en el coche que esperaba para recogerme. Un par de brazos me abrazaron, susurrándo palabras que me supieron a victoria. Me llevaron a una casa donde me escondieron a mi y a unos compañeros durante un tiempo, era necesario que nadie nos encontrara. Nos traían períodicos que narraban como podía haber ocurido el asesinato que cometí, ninguna se asemejaba a lo que verdaderamente ocurrió, y como habían encontrado el cuerpo. Nunca mencionaron mi nombre.

Pasado un tiempo prudencial volví a reincorporarme. Me encargaron nuevas misiones, unas sólo y otras acompañado, en unas estaba previsto matar y en otras no. Así, en ese rol, ha trascurrido mi vida desde lo que acabo de narrar. No es cierto que no tengamos corazón. Eso es una mentira como muchas otras que circulan por la sociedad. Una sociedad que no nos comprende, o que no quiere hacer un esfuerzo por comprendernos. Me sorprendo cuando veo en la televisión a todas esa personas con las manos pintadas de blanco que gritan pidiendo libertad, no se por qué lo hacen. Es mucho más fácil sentarse en una mesa y decir "sí", que es lo único que pedimos, que nos concedan lo que pedimos sin ninguna condición y les perdonaremos a todos. Les perdonaremos por criticar nuestro pensamiento, por negarnos nuestros derechos y libertades, por luchar contra nosotros y escupirnos a la cara. Les perdonaremos la vida, que es lo que todos ellos están pidiendo que se les quite.

Cuando pongo una bomba y mueren civiles muchos pensamientos se agolpan en mi cabeza, porque por una parte pienso que se lo merecen por oponerse a todo por lo que luchamos, pero por otra pienso que yo no conocía los pensamientos de aquellos transeúntes y no podía juzgarlos. Es mejor no pensarlo, de todas maneras, ya no los voy a conocer. No todos los  compañeros que he tenido piensan así, a muchos les entusiasma la propia idea de matar sin ningún fin y nunca se cuestionan sus ideas. Actúan por instinto, como unos animales salvajes dispuestos a atacar. No les importa mirar a sus víctimas a los ojos antes de matarlas y, algunos estallan en profundas carcajadas cuando efectúan el disparo ( la pistola es más rápida que el cuchillo ).  

 Abandoné a mis padres y mis hermanos cuando era un adolescente y más tarde me uní a esta "Organización Terrorista", como la llaman algunos, que realmente para mí es mi familia. No me considero un terrorista, lo único que hago es demostrar que nosotros tenemos razón y el mundo esta equivocado, y que la violencia es el único medio por el cual parece que se nos oye. Por eso estoy a favor de matar personas, para que se sometan bajo nuestro poder por la fuerza o se rindan voluntariamente. Algunas veces creo que

sólo unos pocos se dan cuenta de lo que pretendemos, y que la mayoría de la gente no nos toma en serio.

Cuando veo las imágenes de como una madre llora con sus hijos muertos en sus brazos y luego las de un político hablando de que nunca se someterá, pienso en cuántas imágenes de personas llorando por las muertes que se producen en un atentado tendré que ver.

La respuesta siempre es la misma: muchas. Y me dan ganas de explotar millones de cartuchos para que alguien se de cuenta de que es mejor darnos lo que pedimos, y así la gente ya no tendría que salir a la calle con miedo de que puedan matarles. Pero eso nunca sucede.

No se el tiempo que durarán las cosas así, puede que siempre o que nuestros sueños se hagan realidad mañana. No lo se. Lo que si sé es que nosotros no pensamos abandonar, que lucharemos hasta el final, que nada nos hará detenernos, que continuaremos hasta vencerles. Les timaremos con falsas treguas, con acuerdos ficticios, ¡con lo que haga falta! Pondremos bombas en los lugares más

insignes, causaremos muerte y destrucción, no nos detendremos hasta ganar.

Yo no me considero un terrorista ni un asesino. Yo soy un representante de la gente que quiere expresarse pero no se atreve o no puede. Por eso lanzo un mensaje, para que todos lo sepan, para que no nos subestimen, para que comprendan que no tienen salida posible a parte de la rendición, para que entiendan que eso es lo mejor, para que entiendan qué me llevó a cometer mi primer asesinato.

Laura

Y HASTA LLEGAR AL AMANECER...

Tú, que nunca volverás y sólo quedará ese mar doliéndome dentro. Un azul que la noche ya está tiñiendo, de gris, de negro y abismo. La brisa fría. Un pedazo de viento que aún me sabe a tus besos y las olas... ¿llorándote? No , yo  ya no te lloro, sólo siento que me falta un pedazo, un trozo de tiempo inmenso en medio de pecho. Respirar despacio, hacerlo con miedo de quie el aite descubra, que el mar sepa que ya no estamos juntos.

Y sin luna; el mar oscuro. La tierra se enfría junto a mis pies mientras yo recuerdo... Vagas, tiernas memorias de un ayer que, ¿existió? ¿De veras que tú fuiste alguna vez? Tal vez sólo fue un invento. El querer haber sido feliz y ver el mar, amanecido. Un riel de esperanza naranja viene antes que sol, anunciándole.

Pero no es para mí, sólo para los otros. Para tí, acaso, si algunas vez la misma noche que ve los mismos árboles, nosotros... Nosotros, palabra inexistente.

Vicente

Delirios de madrugada

Las olas golpean fuerte las paredes de mi cuerpo, y en silencio susurro: "¡Que se joda el viento! ¡Que se joda el viento! ¡Que se joda mil veces! ¡Que le duela!"
Pensando,pensando sin pensar o quizás simplemente existiendo sin más. Ya no sé adonde voy, ni qué hago aquí...ya no sé nada, de hecho. Si tuviera que medir con palabras todo el daño que me causaste, todos los ardores de corazón, todas las palabras vacías, y el viento perpetuo retumbando siempre en mi interior, dentro de una caracola con forma de isla.... No lo sé. No lo sé y creo que nunca lo he sabido. Nunca lo sabré... Quizás siempre estuviste,quizá yo siempre te vi detrás de una nube de niebla espesa...o quizá por eso no te vi, por esa niebla...no lo sé...me agarré el cuello... encogí mis dedos de esperarte...de esperarte a la orilla del mar, secándoseme la boca con la sal, secándome los ojos con la sal, secándome el corazón con la sal...y el corazón se me convirtió en una piedra de sal, dura, indestructible, impenetrable...intentando esperarte... siempre... un ferviente ardor de espera dentro de mi pecho, que aullaba buscando el haz del aura de tu alma, y el de todos los que hacen que tu viaje naufrague en mi playa...lloros en la noche, mietras el cuco canta...las olas rugen,...el mar en calma...tú...

Melinda, Nuria y Guille

Mi muchacha salvaje

Mi muchacha salvaje, hemos tenido
que recobrar el tiempo
y marchar hacia atrás, en la distancia
de nuestras vidas, beso a beso,
recogiendo de un sitio lo que dimos
sin alegría, descubriendo en otro
el camino secreto
que iba acercando tus pies a los míos,
y así bajo mi boca
vuelves a ver la planta insatisfecha
de tu vida alargando sus raíces
hacia mi corazón que te esperaba.
Y una a una las noches
entre nuestras ciudades separadas
se agregan a la noche que nos une.
La luz de cada día,
su llama o su reposo
nos entregan, sacándolos del tiempo,
y así se desentierra
en la sombra o la luz nuestro tesoro,
y así besan la vida nuestros besos:
todo el amor en nuestro amor se encierra:
toda la sed termina en nuestro abrazo.
Aquí estamos al fin frente a frente,
nos hemos encontrado,
no hemos perdido nada.
Nos hemos recorrido labio a labio,
hemos cambiado mil veces
entre nosotros la muerte y la vida,
todo lo que traíamos
como muertas medallas
lo echamos al fondo del mar,
todo lo que aprendimos
no nos sirvió de nada:
comenzamos de nuevo,
terminamos de nuevo
muerte y vida.
Y aquí sobrevivimos,
puros, con la pureza que nosotros creamos,
más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el fuego que arderá
cuanto dure la vida.

Los versos del capitán, Pablo Neruda.

(es el poema favorito de Gema y Marian, que me pidió que lo subiera)

Definición

Eres la sombra de un suspiro enamorado,
sigiloso y frágil, escapas de mi abrazo...
aún no puedo atrapar tu aire con mis manos.

Eres el destello dorado del sol de verano,
brillante esencia de colores apagados
deshaciendo mi alma que se funde con tus brazos.

Eres la fantasía turbada de un borracho,
deformada irrealidad del iluso escarmentado,
encadenas mi alma a tu difuso halo.

Eres el verso del poeta endiablado,
bañado en tinta y en papel aprisionado,
componiendo la historia del amor soñado.

Eres el aroma del perfume que has robado,
dulzura envolvente de jazmín recién cortado,
embriagas los sentidos de mi corazón ajado.

Eres el quejido del esclavo atormentado,
desgarrador sonido que describe mi calvario
cuando escucho las palabras que no salen de tus labios.

Eres el destino del viajero ya cansado,
lejana utopía en un mundo idealizado,
me introduces en tu vida con sigiloso pasmo.

Eres la esperanza del que espera mil milagros,
el secreto oculto entre muros emplomados,
te alejas de mí sin que yo pueda evitarlo.

Porque eres tú, mi ansiado regalo,
mi vida perdida, mi fin encontrado,
la luz eterna que deslumbra mis pecados

 

La segunda y última de mi "extensísima" obra poética. La pongo sólo porque así existen (pocas) posibilidades de que Alba se digne a comentarme, que me haría mucha ilusión. A mí no me gusta, más que nada porque cuando os enseño Muerte en frío y ésta, siempre la preferís y a mí me sigue pareciendo una cursilada, lo siento mucho. También porque con los años aborrezco las cosas que he escrito hace tiempo o simplemente es que odio tener ese fondo cursi, no sé. La verdad es que hay estrofas que me gustan bastante y otras que odio a muerte, y eso que la he ido cambiando poco a poco.

Nuria