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Rincón literario

Diario de un terrorista

DIARIO DE UN TERRORISTA

 

La lluvia mojaba mis manos mientras sostenía  aquella pistola. Era de noche y las calles estaban desiertas. No se advertía ningún sonido excepto el murmullo del agua y los gemidos del hombre que se revolvía bajo mis pies. Pero eso no podía ser un hombre, esa masa llorona y temblorosa no se parecía nada a un hombre. Esos ojos pardos suplicantes que me miraban pidiendo clemencia no podían ser los de un hombre. Se tocaba la frente y se limpiaba la sangre que corría por ella, que manaba del corte que se había hecho al golpearse con el bordillo de la acera. Lo curioso era que se parecía al resto de los hombres. Tenía boca, orejas, naríz... Pero no podía serlo.

Una máscara ocultaba mi cara. Algunos me consideran un asesino, demasiado cobarde como para mostrar mi rostro ante mis víctimas. Mejor dicho: nos consideran unos asesinos. La gente nunca trata de ponerse en el lugar de los demás. Yo no mato por placer, ni por diversión, ni por venganza. Yo mato por un ideal, por una causa, por hacer realidad lo que yo y mi gente queremos. No es cierto que seamos radicales, que nos guste torturar a las personas que secuestramos, que seamos felices viendo como causamos terror. Yo no soy un asesino, yo soy un luchador, cuya lucha incansable seguirá a cualquier precio, hasta que por fin todo esto de resultado.  

Por eso estaba yo allí, en esa calle encharcada, con aquella masa llorona a mis pies. Ese especimen que le tenía miedo a la muerte, a su propio destino, al camino que había elegido. Que no había sido otro que el de defender todo aquello que nosotros odiamos y juramos derrotar, todas las absurdas leyes que nos imposibilitan llevar a cabo nuestras pretensiones, todas las instituciones que nos hacen fracasar. Pero él podía haberse limitado a, simplemente, pensarlo en vez de actuar. Pero no quiso, y escogió la peor opción, la de ponerse en nuestro camino. Por eso yo debía matarle, para impedir que entorpeciera el proceso, para quitarle de en medio y que les sirviera de lección a otros como él.

Llevaba ya mucho tiempo planeándo este asesinato, lo que conlleva millones de horas de vigilancia, más las de idear la estrategia final, las de ejecutar los trámites que hay que hacer para confirmar el proceso, y las de solicitar y recibir el instrumental necesario para realizar todo a la perfección. Cada tipo de operación tiene un sistema diferente, no es lo mismo poner una bomba que realizar un secuestro. Yo soy aún joven pero llevo a mi espalda muchos años de experiencia, supongo que si las autoridades me encontraran me llevarían a juicio y de allí a la cárcel. Realmente no me preocupa tengo amigos acusados de treinta asesinatos que sólo cumplieron diecisiete años porque se portaron bien y se sacaron una carrera. La verdad es que si yo estuviese en el otro bando endurecería las leyes y no tendría clemencia. 

Aquel tipo seguía retorciéndose, realmente parecía sentir dolor. Le había estado siguiéndo toda la tarde y cuando se vió forzado a entrar en aquella calle al notar mi presencia, me había precipitado hacía él y le había empujado cotra el bordillo. Luego, aprovechándome de su confusión, le había propinado una brutal paliza. Sentí crecer la furia en mi interior y le golpeé con todas mis fuerzas una y otra vez, recordando mi intenso entrenamiento de hacía solo unos meses. Cuando conseguí hacerle vomitar sangreparé y fue entonces cuando extraje lentamente de mi bolsillo esa pequeña pistola. El hombre emmudeció de repente y yo apunté a su sién. Fueron unos instantes tan intensos que llegué a plantearme por qué lo hacía. Y justo entonces recordé las palabras que días antes pronunció el jefe de mi comando cuando un novato le realizó la misma pregunta: "Porque no permitiré que nos nieguen la libertad a las personas cuyo pensamiento sea diferente al resto. Por eso prefiero morir a someterme. Y por eso mataré, ellos son los que deben someterse". En aque momento apreté el gatillo, ignorando las súplicas de aquel necio, y sus vísceras me salpicaron la cara.

Ya lo había hecho. Era mi primer asesinato.

Recuerdo que una sonrisa iluminó mi cara cuando corrí y me metí en el coche que esperaba para recogerme. Un par de brazos me abrazaron, susurrándo palabras que me supieron a victoria. Me llevaron a una casa donde me escondieron a mi y a unos compañeros durante un tiempo, era necesario que nadie nos encontrara. Nos traían períodicos que narraban como podía haber ocurido el asesinato que cometí, ninguna se asemejaba a lo que verdaderamente ocurrió, y como habían encontrado el cuerpo. Nunca mencionaron mi nombre.

Pasado un tiempo prudencial volví a reincorporarme. Me encargaron nuevas misiones, unas sólo y otras acompañado, en unas estaba previsto matar y en otras no. Así, en ese rol, ha trascurrido mi vida desde lo que acabo de narrar. No es cierto que no tengamos corazón. Eso es una mentira como muchas otras que circulan por la sociedad. Una sociedad que no nos comprende, o que no quiere hacer un esfuerzo por comprendernos. Me sorprendo cuando veo en la televisión a todas esa personas con las manos pintadas de blanco que gritan pidiendo libertad, no se por qué lo hacen. Es mucho más fácil sentarse en una mesa y decir "sí", que es lo único que pedimos, que nos concedan lo que pedimos sin ninguna condición y les perdonaremos a todos. Les perdonaremos por criticar nuestro pensamiento, por negarnos nuestros derechos y libertades, por luchar contra nosotros y escupirnos a la cara. Les perdonaremos la vida, que es lo que todos ellos están pidiendo que se les quite.

Cuando pongo una bomba y mueren civiles muchos pensamientos se agolpan en mi cabeza, porque por una parte pienso que se lo merecen por oponerse a todo por lo que luchamos, pero por otra pienso que yo no conocía los pensamientos de aquellos transeúntes y no podía juzgarlos. Es mejor no pensarlo, de todas maneras, ya no los voy a conocer. No todos los  compañeros que he tenido piensan así, a muchos les entusiasma la propia idea de matar sin ningún fin y nunca se cuestionan sus ideas. Actúan por instinto, como unos animales salvajes dispuestos a atacar. No les importa mirar a sus víctimas a los ojos antes de matarlas y, algunos estallan en profundas carcajadas cuando efectúan el disparo ( la pistola es más rápida que el cuchillo ).  

 Abandoné a mis padres y mis hermanos cuando era un adolescente y más tarde me uní a esta "Organización Terrorista", como la llaman algunos, que realmente para mí es mi familia. No me considero un terrorista, lo único que hago es demostrar que nosotros tenemos razón y el mundo esta equivocado, y que la violencia es el único medio por el cual parece que se nos oye. Por eso estoy a favor de matar personas, para que se sometan bajo nuestro poder por la fuerza o se rindan voluntariamente. Algunas veces creo que

sólo unos pocos se dan cuenta de lo que pretendemos, y que la mayoría de la gente no nos toma en serio.

Cuando veo las imágenes de como una madre llora con sus hijos muertos en sus brazos y luego las de un político hablando de que nunca se someterá, pienso en cuántas imágenes de personas llorando por las muertes que se producen en un atentado tendré que ver.

La respuesta siempre es la misma: muchas. Y me dan ganas de explotar millones de cartuchos para que alguien se de cuenta de que es mejor darnos lo que pedimos, y así la gente ya no tendría que salir a la calle con miedo de que puedan matarles. Pero eso nunca sucede.

No se el tiempo que durarán las cosas así, puede que siempre o que nuestros sueños se hagan realidad mañana. No lo se. Lo que si sé es que nosotros no pensamos abandonar, que lucharemos hasta el final, que nada nos hará detenernos, que continuaremos hasta vencerles. Les timaremos con falsas treguas, con acuerdos ficticios, ¡con lo que haga falta! Pondremos bombas en los lugares más

insignes, causaremos muerte y destrucción, no nos detendremos hasta ganar.

Yo no me considero un terrorista ni un asesino. Yo soy un representante de la gente que quiere expresarse pero no se atreve o no puede. Por eso lanzo un mensaje, para que todos lo sepan, para que no nos subestimen, para que comprendan que no tienen salida posible a parte de la rendición, para que entiendan que eso es lo mejor, para que entiendan qué me llevó a cometer mi primer asesinato.

Laura

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6 comentarios

Noelia -

Lau, me has sorprendido, no sabia esta faceta como escritora =)..la verdad es que tu relato me ha gustado bastante..te has puesto en la piel del asesino, cosa que muchas veces no nos paramos a pensar, y simplemente juzgamos.
Buen compañera psicologa, sigue escrbiendo ^^
tk

Cris Xococrispip! -

Uuuuuuhhh!!Está genial, Lau!!
Sí, sí ,sí aquí vuelve nuestra Lau rompebrazos...
No, ahora en serio,me ha encantado esa manera de meterte en la piel de un terrorista, algo muy complicado, por cierto, el hecho de meterte en la cabeza de esos seres, y de explicar lo que muy probablemente ellos estén pensando en el momento de matar...SORPRENDENTE...

Celia -

¡Por fin por fin por fin! Creía que nunca publicarías nada, pero, milagrosamente, aquí está. Me ha sorprendido y me ha hecho pensar. Es muy original, ponerse en la piel de un terrorista...
Espero más cosas tuyas, un besito.
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Vicente -

Es fantástico, Laura. Son las razones del enemigo que, ley´ñendolas, se empieza a entender. Por favor, guarda este cuento para los próximos mese y lo podremos utilizar, si quieres, en el blog de arte

Margot -

Lau te amo.

No tenía ni idea de que pusieras escribir algo tan desconcertante y profundo, la verdad es que me has hecho pensar...

He de dcirte que escribes genialmente bien, y que más te vale colgar algo de vez en cuando.....y creer en ti...supongo que ya no eres sólo la psicoheavy sino una artista también.

Te quiero

Nuria -

Después de miles y miles de súplicas, Lau me ha dejado publicar este cuento, que lo escribió para un concurso sobre el terrorismo hace unos añitos. A mí me gusta mucho como se mete en su piel, hasta un punto que llega a dar miedo...
Espero que os guste y que la convenzáis de que escribe muy bien y que la obliguéis a escribir más cosas, que a mí no me hace caso XD
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