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Rincón literario

Caracola

Un pueblo pequeño, blanco, rodeado de montañas. El sol brillaba sobre él como un espejo hiriente, y el resto era verde.
Era curioso su nombre, Caracola, como aquellas oquedades marinas que escondían olas invisibles en su interior. Sin embargo, a nadie que lo hubiera pisado le parecía un nombre extraño, sino el único apropiado para tan peculiar lugar.
En Caracola, en cualquier rincón, desde lo alto de la torre de la iglesia o bajo los juncos del río, se oía el mar. Olas retumbando contra las casas, espuma deshaciéndose en las calles.
El mar.
Por supuesto, nadie jamás vio el mar en ese pueblo.
Como una caracola. Una caracola gigante que guardaba un mar invisible en su interior.
Los habitantes de Caracola eran en sí mismos marineros frustrados. Ya fueran agricultores, ganaderos, borrachos, panaderos, curas, ladrones o ricachones sin ocupación, todos soñaban con el mar. No añorándolo, no esperando verlo algún día. Era mucho más seguro escucharlo, sentirlo cercano, mientras realmente se encontrara lejos, tremendamente lejos, donde no pudiera alcanzarlos. Eran, pues, marineros que temían al mar, aunque necesitaran sentir sus latidos cercanos, sólo eso, el rugido de un enorme monstruo que no podía hacerles daño, pero que existía en algún lugar.

Nuria
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1 comentario

Anónimo -

Ese quiero y no puedo....
Esas ganas y esa necesidad imperantes de algo que crees tener en la mano y que nunca alcanzas del todo.
Es como intentar terminar un sueño y resistirse a abrir los ojos y que el tiempo y los rayos ed sol se nieguen a que roces el final.....


Te quiero cielo
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