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Rincón literario

Tan sólo me queda.

Un espectro entre luces. Cientos de cigarros se encienden asemejándose a las estrellas.

Ella no ha perdido su brillo. No, aún no.

Restos de algo más que maquillaje cubren su nariz, y su mirada yace perdida buscando quién sabe qué en algún rincón de esa mísera sala. – ¿Dónde está?- se pregunta.

Un vestido negro tapa lo que alguien algún día llamó cuerpo, lo que alguien en su día hizo más que reavivar; y ahora, lo que para ella tan sólo es un estorbo.

Siendo alma tan sólo, quizá sea libre.

Perdida y perdedora; ha olvidado casi todos sus recuerdos, su fuerza, su dignidad, su nombre…Sabe que sigue viva por la rapidez de sus pulsaciones. Amenazantes, parecen retumbar en cada centímetro de su cuerpo. Ese ritmo que ha basado la melodía de su historia, pero…todos saben que por eternas que sean, todas las canciones tienen un fin.

La sangre galopa recorriendo cada uno de esos azules caminos de gloria. Corre y vuela el aire por sus pulmones, cada vez más cansados, cada vez más gastados…

La gente aplaude. -¿A quién? – se pregunta. -¿A qué?-

-Una última canción por favor, aguanta. Tan sólo una última.- se oye musitar.

En su mente se hilvanan verdes los últimos pensamientos de cualquier genio venido a menos. Los rescoldos de la pasión vibran en su garganta, brillan efímeros;  son las cenizas aún llameantes de lo que en su día fue…

No queda esperanza para quien, poco a poco, se desvanece bajo un haz de luz.

-Ya no tengo miedo- se dice a sí misma –Ya lo he perdido todo, tan sólo me queda la vida y…-

Un leve gesto basta a los músicos para adivinar sus intenciones. –Esta noche no- piensa. –Esta noche no quiero violines, ni pianos…no quiero nada más que mi voz y ese maldito eco que alarga cada palabra como si esto se tratara de algo importante…-.

Descalza, camina por el escenario buscando a duras penas el micrófono.

Las lágrimas comienzan a brotar. –Idiotas. Malditos ojos idiotas…-.

Su voz comienza a elevarse en el auditorio. Los susurros cesan, las respiraciones enmudecen, las mentes callan…tan sólo el tic tac de un reloj y el vaivén incesante de una mente que aún regurgita se escuchan sin cesar. Y su voz, esa voz…era, quizá, de eso poco que le quedaba.

Cada palabra que entona es una manera distinta de decir adiós. Cada silencio es un preludio de algo que ya todo el público teme.

Pálida, débil, traslúcida y volátil. En un punto en el que deja de ser humana para ser tan sólo un sueño, el sueño que creaba al cantar. El sueño que ella creaba para hacerle a él soñar.

Las lágrimas van surcando cada centímetro de su cuerpo. Ahora toda su piel llora; avivan las ganas de escapar que nacen en su alma, sus ojos inundados de quebranto miran hacia un punto en el horizonte que ni siquiera existe, su mente busca en el tiempo el recuerdo de algo que jamás ocurrió…

Una gota de sangre cae de su nariz.

Es entonces cuando Dios creó el silencio.

El micrófono cae al suelo, y ni el eco ni el sonido dañino del golpe levantan rumor alguno. No hay nadie, ni nada; ni siquiera el aire existe en ese lugar.

Sus ojos se preguntan si hay alguien ahí fuera…Ya ni siquiera puede ver más allá de…-¿Qué es lo que ve?-.

Nadie corre hacia una estrella que se apaga. Nadie. Nadie. NADIE.

Los labios de un fantasma susurran, con la poca fuerza que a un halo de luz fugaz le queda para brillar: - Ya lo he perdido todo…hasta la vida…tan sólo me queda…

 

…esa maldita manía de amarte-.

Melinda

 

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2 comentarios

Laura -

Es precioso, Mel. Me encanta. Creo que es una de las mejores cosas que he leido tuyas.
Ademas, has conseguido emocionarme... ^^
Te quiero
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Guille -

ES muy bueno...pero prefiero verte más feliZ!
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